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LAS GUERRAS DE LA SIERRA

2013-01-24

Por: Jose Antonio Ricaurte

........ decidí seguir adelante sin esperar a Alex. No se veía y me preocupaba lo que quedaba por escalar. Empecé a subir la pared dejando una cuerda fija para que Alex se pudiera apoyar con su yumar. A las 3:00 PM seguía solo, pero en mitad de la pared, sin mayor protección y tal vez lo más preocupante, sin haber comido nada. Mis movimientos eran lentos, casi ni los sentía. Clavaba profundamente los piolets y los crampones. A esta hora el sol ya ha hecho de las suyas y el hielo ya es solo nieve, muy blando y por lo tanto no hay como asegurarse. El calor era sofocante, pero no podía quitarme algo de ropa porque estaba a 5700 msnm, en donde seguramente el viento me dejaría medio congelado.

Terminando la pared estaba en el famoso paso “La Horqueta” de donde se desprendían dos caminos en forma de ye, a la derecha el pico Bolívar, a la izquierda el pico Colón. Antes de descansar coloqué un par de tornillos de nieve para dejar en firme la cuerda por donde se venía asegurando Alex. Después me confesó que sí había utilizado el yumar para ganar seguridad.

Al frente, el esplendor del norte de La Sierra Nevada de Santa Marta, con vista al mar Caribe. Estaba en la cima de la pared norte de la Sierra. Este fue un momento que nunca olvidaré, por el espectáculo que se me presentaba, la majestuosidad de una montaña única en el mundo por su cercanía al mar. Hoy en día, después de vivir muchos años de experiencias diversas en mi vida, tengo pocos recuerdos como este. Para mí este fue uno de esos momentos estelares, esos que jamás se olvidan. No estoy seguro, pero deben existir muy pocos sitios en el mundo donde uno parado a desde los 5770 msnm pueda ver la costa del mar.

Pero tampoco podía moverme más. ¡Estaba agotado!

Mi cuerpo no respondía. Me senté en la nieve y pensé;

-¡Yo aquí me quedo!

Mis pensamientos se nublaron. Por momentos ya no quería hacer nada, no quería pensar nada. Me quede cómodamente recostado en la nieve como dormido, pero sin perder la conciencia. No se cuánto tiempo pasó, yo creo que no menos de media hora cuando sentí caminando al lado mío a Alex. Se acercó y me preguntó;

- ¿Cómo anda? Lo veo mal – me dijo.

- Yo estoy bien, le dije. Pero de aquí no me pienso mover.

El sabía qué me pasaba. Estaba deshidratado. Me dio agua y un bocadillo del que sentí su efecto renovador llegar rápidamente por todo mi cuerpo. Creo que nunca un alimento había tenido un efecto tan directo sobre mí.

Estábamos en la cumbre del Colón, una meseta de 100 metros, grande, imponente. Mientras me recuperaba, varias voces me decían que querían seguir. Subir el pico Bolívar desde este punto era una tentación, pero nos habíamos propuesto otra cosa. Es un pico vecino al Colón, que tiene un collado muy similar al collado sur del Everest, más pequeño por supuesto y guardada las proporciones. Pero también muy peligroso.

No sé por qué quería seguir subiendo. Tal vez era mi ego, que me impulsaba para que lo hiciera el cual es muy alto entre los montañistas. 

Finalmente no me decidí por el Bolívar y volvimos a nuestro plan original. Estábamos listos para bajar por la pared norte del Colón. Lo difícil de iniciar un rapel era asegurarse sobre la nieve, ya que a esta hora no había muchos puntos para hacerlo. Coloque dos piolet enterrados en diferentes puntos de la nieve, y sobre un tornillo de nieve pasamos la cuerda. Me senté sobre el piolet, y Alex inicio el primer rapel.............



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