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K2, riesgos de la modernidad

2008-08-20

Por: Juan Pablo Ruiz

Varias cosas se juntan. Las montañas son visitadas cada vez por un número mayor de personas, y las expediciones comerciales llegan hasta el K2, la segunda montaña más alta del mundo, llamada la Montaña de los montañistas. Se asumía que la dificultad del ascenso no permitía expediciones comerciales, pero la presencia de porteadores de altura el día del accidente, nos obliga a revaluar esta afirmación.

En mi experiencia como montañista he visto grandes cambios. En 1986, cuando intentamos el Manaslu (8,168 m.s.n.m) éramos la única expedición por la ruta normal. El Equipo definía la ruta, fijaba la cuerda según nuestras necesidades y recursos y realizábamos la escalada, sin ayudas técnicas externas.

En Everest 1997 y Cho Oyu 99 tuvimos que coordinar con diversos equipos quién y cuándo se fijaban las cuerdas, cómo cada expedición contribuía abriendo huella y acordar la logística en los pasos críticos. Había varios equipos intentando la misma ruta, pero todas eran expediciones deportivas, ninguna era comercial.

Luego, las expediciones comerciales que desde los 90 sólo se realizaban por la cara sur del Everest, empezaron a aparecer en otros lugares. En Everest 2001 por la cara norte, una expedición comercial se encargó de fijar las cuerdas y cobrar por su uso y mantenimiento. Nuestras cuerdas quedaron almacenadas. En el 2007, en el mismo lugar, era tal el número de expedicionarios, que no pudieron organizar cobro por el uso de las cuerdas.

Las comunicaciones también se han modernizado. En 1986 el correo llegaba a pie al Campamento Base, eran dos entregas de correo durante los 2 meses que duraba la expedición. En 1997, apareció el teléfono satelital con escasos y costosos minutos de comunicación. Ahora, si hay presupuesto, cada expedicionario puede llevar un pequeño satelital de bolsillo.

Algo similar ocurre con los informes de meteorología. Inicialmente, nos guiábamos por las estadísticas anuales. Luego, se pudo tener acceso a informes de tiempo que se recibían una o dos veces durante la ejecución de la expedición. Ahora, se pueden tener informes diarios y en tiempo presente. Se conoce con certeza cuál es el mejor período para intentar cumbre y dado que todos quieren maximizar sus posibilidades, muchos intentan en los mismos días. La aventura disminuye y con tanta gente sobre la ruta, se generan nuevos riesgos. Lo ocurrido a inicios de agosto en el K2 y hace unos años en el Everest está relacionado con la congestión en las rutas de ascenso.

Adicionalmente, el calentamiento global está cambiando el clima en las grandes montañas y algunos tramos de sus glaciares se están haciendo muy inestables. La avalancha que en el K2 causó el desastre puede estar relacionada con cambios en la estructura del glaciar. Nosotros, en 10 años entre 1997 y 2007 en el Everest, vimos notorios cambios en el glaciar.

Añoramos la montaña que tenía grandes y estables masas de hielo, que permitía estudiar las rutas con varios años de antelación y nos obligaba a conocer de meteorología. Cuando debíamos planificar como equipo la totalidad de la expedición, pues las ayudas externas eran mínimas. En las nuevas condiciones, debemos tener muy buen criterio al usar la información y las ayudas externas, quizá debemos realizar nuestros intentos en días menos congestionados o en montañas y rutas menos visitadas y siempre preparados parar ser autónomos en momentos críticos.

Lo grave no es tener que modificar la estrategia sino la inestabilidad de los glaciares. Las montañas en todo el mundo se están derritiendo. En Colombia están desapareciendo muchos picos nevados y debemos redoblar nuestro esfuerzo para proteger lo que nos queda. Si bien hay fenómenos globales que nos afectan, hay muchos fenómenos locales que dependen de nosotros, debemos cuidar los paramos, no destruir su vegetación y proteger el bosque nublado. Por varias razones, los glaciares son importantes no sólo para los montañistas, sino para la sociedad en general.


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