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MAKALU, el gigante negro

2013-04-27

Por: Cristóbal Von Rothkirch

MAKALU, el gigante negro

Fernando González-Rubio enfrenta por segunda vez uno de los mayores retos del himalayismo, su octavo ochomil y una de las montañas más grandes del planeta.

Quizás invisibilizado por el efecto mediático del Everest, el monte Makalu, quinta cumbre del planeta, ha pasado misteriosamente inadvertido en el consciente colectivo, a pesar de las memorables batallas del alpinismo escenificadas en sus 8.461 metros de altura, en sus agudas aristas de hielo y en sus gigantescas paredes rocosas.

“El Makalu es enorme,” dice Hernán Wilke, escalador argentino radicado en Colombia. Él alcanzó su cumbre en la primavera 2008. “Escalarla es como subir dos montañas. Para superar la primera ha que alcanzar el temible collado norte, a 7.400 metros, azuzado siempre por vientos tenaces. A partir de ahí se yergue otra montaña, una pirámide somital de mil metros de altura, de escarpadas líneas de roca y hielo”.

La palabra Makalu significa en nepalés Gigante Negro, sencilla metáfora de sus intimidantes y vastas secciones de roca, su verticalidad y su colosal tamaño. Pero Makalu es también uno de los múltiples nombres de Shiva, aquel dios hindú de la destrucción esencial, destructor que permite edificar los nuevos comienzos, en el ciclo de la muerte y el renacimiento. Eso hace de Shiva un precursor, el creador primigenio. Nuestra cultura de materialismo antropocéntrico reduce la identificación de las montañas con deidades a simples mitos. Pero todo aquel que haya entrevisto a Dios en los dibujos de las alas de una mariposa o en la perfecta ingeniería de una pluma, no podrá negar que las montañas son incontrovertibles manifestaciones divinas, ante su severa majestuosidad y sobrecogedora belleza. Makalu - Shiva es también en su poder el dios de la naturaleza, del misterio, del tiempo, del conocimiento, de la abnegación y el sacrificio, de los marginales.

Como tales muchos de los más dilectos e iluminados alpinistas, irradiaron el poder de su espíritu sobre la montaña e inscribieron con fantásticos ascensos sus nombres en las laderas, aristas y paredes del gran Makalu: en la historia del Gigante Negro.

El 15 de Mayo de 1955 los escaladores franceses Jean Couzy y Lionel Terray se convirtieron en los primeros hombres en llegar a la cumbre del Makalu por la ruta del collado norte. Terray, legendario primer escalador en picos suramericanos de alta complejidad técnica, como el Chacraraju en el Perú y el Fitz Roy en Argentina, era conocido entre los recios sherpas como “El hombre fuerte”. Probablemente fue el mejor de su época. No sólo por su indudable destreza como montañista visionario, sino por la refinada literatura que derivó de sus ascensos. A través de sus memorias, bautizadas con el evocador y poderoso titulo de “Los conquistadores de lo inútil”, aún inspira los pasos de tantos alpinistas…

Couzy y Terray encontraron en ese instante sublime de su cumbre la secreta recompensa por el heroico rescate que cinco años antes les arrebató sus posibilidades de cumbre en el primer ochomil jamás escalado, el salvaje Annapurna. Habían logrado salvar la vida de otros dos grandes, Maurice Herzog y Louis Lachenal, congelados de pies y manos, agotados y maltrechos durante una de las más duras odiseas del himalayismo temprano.

Los siguientes ascensos, entre 1970 y 1976 develaron la arista suroeste y el espolón occidental de esta montaña, por parte de escaladores japoneses y franceses respectivamente, y las caras sur y suroeste por dos equipos de Checoslovaquia. En el otoño de 1981 y después de abandonar su tentativa por la temible pared oeste, el fantástico alpinista polaco Jerzy Kukuzcka, en un arranque de inspiración divina se lanza en solitario por el desconocido espolón noroeste y en un épico ascenso alcanza la cumbre y regresa al campo base en apenas tres días. En contraste, Reinhold Messner, su gran rival en el empeño de escalar por primera vez las catorce cimas mayores de 8.000 metros, necesitó de cuatro intentos para alcanzar la cima del Makalu, el último de los cuales tuvo lugar en 1986. Aunque Messner sería el primero en lograr el cometido de los 14, siempre reconoció en Kukuzcka un alpinista de cualidades excepcionales. Por ello cuando Kukuzcka alcanzó la meta de los 14, Messner le expresó su reconocimiento con la histórica y gallarda frase: “¡No eres segundo; eres grande!”

En 1991 los suizos Jean Troillet y Erhardt Loretan logran en su increíble estilo de alta velocidad escalar en poco más de 26 horas de la base a la cumbre y de regreso.

En la primavera de 1997, después de siete intentos por parte de diversos equipos a lo largo de 16 años, un muy fuerte grupo ruso liderado por el estratega Sergey Efimov, logra por fin escalar la pared oeste, un filar de roca considerado por su exposición como uno de los últimos grandes problemas del Himalaya.

Durante la tentativa de realizar un ascenso sin precedentes, en la temporada de invierno de 2006, totalmente solo en la montaña, desaparece por fuerzas siniestras el gran alpinista francés Jean Christophe Lafaille, considerado en su momento un gran transgresor en el sentido de rescatar los valores esenciales del alpinismo. Se desligó del masivo ascensionismo comercializable y evolucionó desde los limites de lo considerado posible, planteando siempre nuevas escaladas por rutas en solitario o en invierno. Denominado por grandes maestros como el último de los puristas, su desaparición fue uno de los capítulos mas tristes en la historia del Makalu. Otro gran alpinista lo resumió en una lapidaria frase: “El mundo es un poco peor con su ausencia…”

Porque el mismo Lafaille, conociendo las implicaciones de su enamorada osadía, respondió a las criticas puritanas de sus contradictores (quienes lo calificaban de suicida e irresponsable), diciendo que cuando se ama verdaderamente la montaña se acepta con humildad no sólo que sea ella la que ponga las condiciones, sino cualquier designio que de ella surja.

En el ejercicio de ese genuino amor del que nos habla Lafaille, por estos días se bate en las inmensidades del Makalu Fernando Gonzalez-Rubio, el mayor baluarte del alpinismo nacional, nuestro ”Leopardo de las Nieves”, en su valeroso intento de escalar los catorce ‘ochomiles’. Despues de una forzosa ausencia de cuatro años por causa de una delicada lesión, ha vuelto a sus andanzas y en sus primeros informes desde El Gigante Negro transmite la inmensa y fresca felicidad de haber regresado a Nepal, al Himalaya, al franco y rudo combate en las montañas, a su propia vida. Cabe recordar al padre del naturalismo contemporáneo y de la conciencia ambiental, al mágico escoces John Muir, del que su biógrafo Donald Worster afirma que salvó el alma humana de la rendición total al materialismo. Muir decia que ir a las montanas es regresar a casa. Fernando, el Fercho, anda en su casa, recordándonos que no toda acción humana tiene que ir premeditando su utilidad económica o megalomaníaca. Suerte al Fercho en su solitaria y alta lucha por reivindicar la libertad y autodeterminación de los individuos y sabiduría en su diálogo con el Gigante Negro.

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