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El colombiano que espera escalar su octavo monte de ocho mil metros

2013-05-10

Por: Carlos Mauricio Vega

Fernando González-Rubio, el colombiano de 44 años empeñado en escalar sin oxígeno su octavo monte de ocho mil metros en el Himalaya, ruega a los dioses de la montaña aplacar el viento de 120 km por hora que levanta una gran pluma de nieve en la cumbre del Makalu, la quinta montaña más alta del planeta y una de las más difíciles de escalar por su enorme tamaño.

‘Fercho’ está acampando en la base de la montaña, a 5.800 metros sobre el nivel del mar, aclimatándose y esperando una ventana de buen tiempo entre el 10 y el 12 de mayo. Ha pasado un mes instalando tres campamentos intermedios hasta los 7.200 metros de altura, y ha fijado cuerdas permanentes en todo ese trayecto. Subir y bajar entre los tres campamentos, algunas veces en solitario y otras acompañado de uno de los sherpas (los habitantes de las zonas montañosas de Nepal) que apoyan otras expediciones, le ha servido para lograr una adecuada aclimatación y acondicionamiento técnico.

Fercho continúa la tradición, impuesta desde 1980 por el austríaco Reinhold Messner, de escalar estas catorce montañas de más de ocho mil metros de altura, sin las botellas de oxígeno que sirvieron para abrir las rutas a estas cumbres durante el siglo pasado.

La segunda parte del ascenso en esta sección de la montaña es un filar o arista de roca de 70 grados de inclinación conocido como Makalu-La, entre los 6.800y los 7.300 metros de altura. Superarlo en solitario le ha dado singular confianza en sus habilidades técnicas como experto en las cumbres del Himalaya. Habilidades que han estado en pausa desde 2008, cuando hizo su última cumbre en un ocho mil, en el vecino Daulaghiri de 8.167 metros.

Luego se trasladó, en la misma temporada, a esta montaña, el Makalu. Pero el fuerte viento, un presagio de mal tiempo y la intuición que lo ha llevado a efectuar siete descensos sin cumbre en un total de 15 expediciones al Himalaya con cero accidentes, lo hicieron abandonar. No podía saber entonces que su racha de siete cumbres y siete abandonos entre 1998 y 2008 se iba a interrumpir por cinco años, debido a una lesión en la rodilla, problemas personales y falta de financiación para continuar con su proyecto.

Pero finalmente gracias al apoyo de financistas privados y de compañías como North Face que lo proveen de equipo para enfrentar el clima a 8.000 metros, Fercho está de vuelta. En el campamento base del Makalu goza de la compañía y el eventual apoyo de cuatro cordadas o equipos, uno finlandés, uno suizo, uno hindú y uno ruso, todos llevando a cabo sus expediciones con tanques de oxígeno.

Fercho es el único escalador que en esta temporada trata de lograr esta difícil cumbre sin oxígeno. En efecto, se trata de una de las montañas más enormes del Himalaya, que debe escalarse en varias etapas, y que fue objeto de varios intentos por parte de Lionel Terray, el legendario montañista francés que alcanzó su cumbre por primera vez en 1955, y de Jersy Kukuzcka, también legendario polaco que la logró por primera vez sin oxígeno en 1981, en solitario y en el llamado estilo alpino, una escalada rápida y ligera.

Reinhold Messner, el austríaco que impuso el estándar ético de escalar los ocho miles sin oxígeno, sólo logró la cumbre del Makalu luego de cuatro intentos, en 1984.

El estilo de Fercho es una mezcla flexible entre la escalada solitaria y un apoyo liviano con otras cordadas que funcionan de manera independiente pero que comparten algunos recursos, desde informes meteorológicos hasta cuerdas fijas.

Al formar parte de un grupo restringido de escaladores de la élite mundial, que pretenden alcanzar estas cimas sin oxígeno suplementario ni grandes equipos de apoyo, Fercho suscita solidaridad y respeto en sus intentos. Comparte las vías con expediciones comerciales o con escaladores que usan el oxígeno suplementario como una opción.

Desde ese punto de vista Fercho es uno entre aproximadamente 30 personas que están en el empeño de escalar los 14 picos himalayos de más de 8000 metros, sin oxígeno, y que empeñan en ello entre 15 y 20 años de sus vidas, alternados, por supuesto con otros proyectos, pero teniendo como foco y dificultad principal financiar y dominar técnicamente el reto de alcanzar estas cumbres y descender ileso luego de enfrentar condiciones extremas de presión atmosférica, temperatura, viento y exposición a los abismos.

Dentro de la escalada moderna existen otros retos a menores alturas pero técnicamente más difíciles, como descifrar y superar las caras más verticales o expuestas de otras montañas en el Himalaya. Pero el reto de los 14 ochomiles es un clásico del montañismo mundial por cuanto impone estándares éticos y técnicos que hacen que estas escaladas sólo puedan ser enfrentadas por verdaderos montañistas, capaces de juzgar y descifrar una montaña por sí mismos, sin depender de guías o de porteadores más que para ‘equipar’ cada montaña según su propio criterio.

Fercho ha escalado con éxito los siete “más difíciles” ochomiles, entre ellos el mítico K2, la montaña más difícil del planeta y la segunda más alta, el Annapurna, también renombrado por su extrema dificultad, el Cho Oyu, el Daulaghiri y el Broad Peak, entre otros picos situados entre Pakistán y Nepal en las vecinas cordilleras del Himalaya y del Karakorum. Ha descendido sin cumbre de otros siete picos, como el Manaslu, donde han mueRto ya dos montañistas colombianos, y en 2001 fue el primero colombiano y el ser humano número 999 en alcanzar la cima del Everest, aun cuando este logro fue con oxígeno suplementario y deberá repetirlo para que cuente en este reto.

Sin embargo, las metas de Fercho no están únicamente en el Himalaya. Su preparación como aperturista de rutas de alta dificultad en las grandes paredes cincomileras del Cocuy colombiano le ha permitido también disfrutar de clásicos de la escalada como las paredes de mil metros de Yosemite, Estados Unidos, y de las Dolomitas italianas. Superado este intento en el Makalu, Fercho intentará en julio de este año las Torres del Trango, paredes verticales de roca de 6300 metros de altitud, situadas en el Karakorum pakistaní y conocidas por estar entre los más interesantes problemas alpinísticos modernos.

Otros escaladores latinoamericanos, como el ecuatoriano Iván Vallejo y el mexicano Carlos Carsolio ya han alcanzado esta meta de los catorce ochomiles. En total, sólo 20 hombres y dos mujeres han escalado estas catorce montañas.

Fercho está empeñado en esta meta deportiva propia de atletas de élite, pero de poca visibilidad mediática. Ahora enfrenta la parte final de la escalada de esta montaña, tratando de superar el punto en donde tuvo que abandonarla en el 2008 ante la evidencia de una fuerte tormenta que se llevó la vida de otros escaladores menos precavidos. Luego de dejar dos campamentos instalados a 6800 y 7300 metros de altura, enfrenta unos días de reposo en espera de la llamada “ventana de tiempo”, que según los pronósticos puede darse hacia el día doce de mayo, cuando los vientos de la cumbre pueden bajar su velocidad y permitir el acceso a la pirámide somital, que es una especie de segunda montaña de 600 metros de alto que comienza luego de superar una canal o couloir de roca de unos 200 metros de altura que separa la sección de 7000 metros de la montaña de su última parte.

EL Makalu es una montaña realmente grande, que exige cerca de 40 días para equiparla y escalarla en diversas etapas que se repiten mediante una serie de ascensos y descensos que finalmente permiten un asalto final.

Una vez supere por tercera vez el paso rocoso del Makalu-La, Fercho se encontrará a 7300 metros de altura, listo para montar en compañía del sherpa que le sirve de apoyo técnico, un cuarto campamento a 7800 metros, justo antes del couloir o canaleta de hielo y roca. Desde ese campamento intentará colocar cuerdas fijas para poder ascender y descender con rapidez durante el intento de cumbre. En este proceso asomará a la pirámide final, sobre ocho mil metros, y descenderá a su campamento cuatro. Desde allí intentará escalar de noche, con la esperanza de escapar del viento y hacer cumbre sobre las seis o siete de la mañana del día escogido, para poder descender antes de que los fuertes vientos de cumbre inicien a media mañana.

El valor técnico y moral de esta hazaña, con baja presión atmosférica, sin oxígeno, soportando temperaturas y vientos extremos y expuesto a pendientes de cientos de metros, convierte a Fercho en el mejor montañista nacional hoy por hoy, y en una de las figuras deportivas más importantes de Colombia y Latinoamérica.

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